Luego que toma las fotos y captura la belleza del medio ambiente en lugares como Hawái y Pensilvania, el artista visual Carlos Gil crea bocetos de una serie de imágenes que parecen ser naturales, pero crean especulación.

Con el uso de la tecnología digital, Gil combina entre cinco y ocho capas de imágenes que luego manipula como si fueran una pintura, mezclando composición y color.

Luego, Gil gira su concepto artístico: produce esculturas de recortes de cartón en 3D; no distorsionan las imágenes, pero brindan una nueva perspectiva y profundidad del trabajo, que se convierte en un collage.

El trabajo más reciente del artista radicado en Filadelfia explora los límites de la abstracción dentro de las verdades capturadas en una fotografía. Su exposición Apparent Spaces es la primera exposición individual de Gil en Taller Puertorriqueño, la muestra individual más grande que jamás haya producido. Su trabajo, compuesto por esculturas, collages y fotografías, se exhiben durante el Mes de la Herencia Hispana.

Carlos Gil, de 77 años, es de Caracas, Venezuela. Obtuvo una licenciatura en Bellas Artes en la Escuela Cristóbal Rojas de Caracas, y perfeccionó su oficio en litografía, serigrafía, grabado y fotografía analógica en Europa. En la década de 1960, estudió artes gráficas en Holanda, Yugoslavia y España. Se mudó a Filadelfia en 1994, donde comenzó a utilizar la fotografía digital.

Su arte siempre se ha centrado en capturar la belleza de los entornos naturales y las amenazas creadas por la actividad humana y el cambio climático. Esta exhibición exhibe 47 obras de arte, producidas en los últimos cinco años, que ofrecen imágenes inquietantes basadas en la naturaleza y en formas geométricas. Utilizando una Nikon D300, Gil presenta detalles y paisajes en Hawái, Florida, Massachusetts y Pensilvania.

Rafael Damast, director del programa de exposiciones y curador de Taller Puertorriqueño, dijo que la forma en que Gil manipula la fotografía de la naturaleza es “un lugar perfecto donde uno podría perderse”, debido al uso meticuloso que da al color y al espacio.

“El trabajo de Carlos nos lleva a analizar cómo ocupamos el espacio y cómo nos ocupan los recuerdos”, dijo Damast.

En una conversación después de la inauguración de la exhibición el 11 de septiembre, Gil habló sobre la exhibición y su propósito.

Después de trabajar en pintura, litografía, serigrafía y grabados, ¿qué le llevó a centrarse en la fotografía y a combinarla con formas geométricas?

Aprendí sobre la fotografía mientras estudiaba cine, cuando vivía en España. En ese momento, llegué a comprender que la fotografía no es solo una representación de la vida real, sino que es una técnica que ofrece muchas posibilidades para que uno experimente. Entonces, exploro los límites entre la pintura y la fotografía, desde el cuarto oscuro hasta el formato digital, lo que ha enriquecido mis posibilidades de interpretar la naturaleza desde diferentes perspectivas.

¿Cuál es el propósito de esta exposición?

He trabajado con el objetivo de explorar las percepciones que el espectador pueda tener sobre la naturaleza con estas piezas de arte, que parecen recuerdos alterados, pero no lo son; imágenes que parecen mostrar o demostrar que la realidad es una ilusión, que desaparece cuando la captura mi cámara. Es como un espectáculo de magia que tiene su crítica sutil para la humanidad.

Se necesita una dedicación meticulosa y mucho tiempo para ensamblar las fotografías en estas formas geométricas que parecen coherentes antes el ojo humano. ¿Se considera un perfeccionista?

No, en lo absoluto. No me gusta la perfección. Por eso la geometría es asimétrica. Le dedico mucho tiempo, porque el arte es lo único que he hecho en toda mi vida. Eso es todo.

Tiene 47 piezas instaladas en esta exhibición. ¿Hay alguna que sea su favorita?

¡Dios mío! Cada uno es como un hijo mío y los amo a todos de la misma manera. Me encanta estar rodeado por la naturaleza, pasear por el parque y capturar su esencia. Si hay algo que destacar, sería la colección de cuatro piezas en la pared del fondo que he llamado Hakuña, una palabra de nuestros pobladores nativos Maquiritare o Yekuana (uno de los grupos indígenas caribeños de Venezuela), que significa “espacio en el cielo”.

¿Qué le gustaría que el espectador se llevara de esta exposición?

Espero que los visitantes puedan disfrutar de los colores, ahora que han estado tanto tiempo dentro de sus casas. Espero que recuerden la importancia de la naturaleza, ya que le hemos perdido el respeto y dependemos mucho de ella, ahora más que nunca. Espero que los visitantes se sumerjan en un mundo de sensaciones visuales, diferente y desconocido para ellos.

Apparent Spaces tendrá una recepción al aire libre en Taller Puertorriqueño, 2600 N. 5th Street, el 2 de octubre, desde las 5:00 p.m. hasta las 8:00 p.m. La exposición es de entrada gratuita y estará abierta hasta el 21 de noviembre de 2020. El museo está abierto actualmente de lunes a viernes, de 1:00 p.m. a 4:00 p.m. El horario puede variar en el mes de octubre.