Carlos José Pérez Sámano lleva más de una década en la literatura, haciendo su camino al andar más que de la mano de grandes marcas o instituciones establecidas.

El autor de 36 años, de Ciudad de México, ha construido su carrera como escritor independiente desde 2007, cuando publicó su primer libro, trabajando estrechamente con poblaciones nativas mientras explora la versatilidad e intersecciones entre identidad, mitología y descolonización.

Pérez Sámano, quien obtuvo maestrías en escritura creativa y publicaciones en Rosemont College, embarcó en un proyecto de alfabetización con la tribu Luo en el norte de Tanzania. Ha publicado cuatro libros de ficción, poesía y no ficción creativa, dos de ellos con la Editorial Ad Zurdum, una casa editora que cofundó en México.

Recientemente escribió una escena para la Orquesta Nacional de Ópera en Montpellier, Francia, sobre identidades fluidas y la descolonización de la herencia mexicana basada en los mitos que rodean a Moctezuma, el gobernante del Imperio Azteca a la llegada de los colonizadores. Talleres basados en sus antologías han sido reproducidos en Argentina, Italia, España, India y Estados Unidos.

Como el primer artista en residencia del Penn Museum, Pérez Sámano dice que se encuentra “creando nuevas comunidades” con una institución respetada, que se ha enfrentando a fuertes críticas en la comunidad por la colección Morton Skull y su manejo de restos humanos después del atentado de MOVE.

En su rol, que comenzó en marzo, Pérez Sámano está organizando una serie de talleres de escritura que comienzan con una jornada de puertas abiertas en español, el 18 de septiembre de 2021, que incluyen otros eventos ha desarrollarse hasta abril de 2022, cuando termina su residencia.

El programa, llamado “Una raíz compartida”, está diseñado para reflexionar sobre conceptos de inmigración, identidad, pérdida y pertenencia en las comunidades diaspóricas a través de la poesía.

Con el apoyo de algunos líderes latinos locales, los talleres se llevarán a cabo tanto en el museo como en lugares dispersos por la ciudad, alentando a los participantes a exponer sus experiencias personales, con tal de compartir sus conexiones e interpretación de los artefactos en la Galería de México y Centroamérica del museo.

El Inquirer conversó con Pérez Sámano, quien vive en Filadelfia desde 2016, sobre su visión para la serie, las estrategias que planea usar para los talleres y lo que significa ser el primer artista residente del Penn Museum.

You are the first artist in residence at the Penn Museum. How does this achievement make you feel? / Eres el primer artista residente del Penn Museum. ¿Cómo te hace sentir este logro?

Tengo sentimientos encontrados. Por un lado, me siento muy honrado y orgulloso. Hay tantos artistas aquí con carreras tan ricas e interesantes, que tienen más alcance comunitario que yo y con perspectivas más conocidas que las mías. Entonces, esta distinción me hace preguntarme: ¿Qué traigo a la mesa que soy yo el que está aquí? Por otro lado, siento miedo, no tanto por las expectativas que necesito cumplir, pero por las formas en las que necesito representar a las comunidades [latinas y demás]. Todo esto es un gran reto, y la forma en que lo estoy abordando es enfocándome en lo que nos ofrece esta oportunidad.

¿Cuáles oportunidades te ofrece esta residencia?

Bueno, más allá de amplificar las voces de la comunidad, lo que nos ofrece es la oportunidad de escuchar. Hoy en día, tenemos todas estas plataformas donde entregar ideas, contenido y arte de manera inmediata, pero no nos conectamos con la gente al punto que nos compartan sus comentarios o que conversen de manera muy íntima entre sí. Ahora más que nunca, existe esta falsa sensación de aislamiento, arraigada en el hecho de que no nos escuchamos unos a otros. Entonces, a medida que escuchamos a los demás más de cerca, más íntimamente, comenzaremos a repensar las cosas que decimos, porque aprendemos a conectarnos con otras realidades y las experiencias de otras personas. Ahí es donde entra en juego la escritura, como un oficio que da trascendencia a los pensamientos de las personas sobre estos temas.

¿Por qué sus talleres se basan en la poesía?

En el museo me hicieron la misma pregunta. [Ríe] La poesía es un instrumento para cuestionar nuestro uso del lenguaje, y cuestionar nuestro uso de las palabras, cuestionamos nuestra realidad. La mayoría de la gente piensa que la poesía es muy sutil, completamente inofensiva. Pero, por el contrario, la poesía es totalmente política, es transgresora, porque busca cambiar la opinión de los demás. Cambiamos nuestra realidad cuando empezamos a pensar las cosas de manera diferente, a nombrar esos pensamientos de manera diferente, por lo que entendemos mejor otras realidades y creamos otras nuevas. Entonces, escucharemos y aprenderemos escribiendo.

Penn Museum está siendo fuertemente criticado por su papel con las comunidades oprimidas y colonizadas, especialmente después del manejo de los restos de la familia África. En medio de estos cuestionamientos, ¿cuál es su papel como artista residente?

El museo no eligió a un artista latino y migrante al azar. El museo, también, tiene miedo, porque cuestiona profundamente su identidad y propósito. Es una institución centenaria basada 100% en el colonialismo, cuando hombres blancos solían dictar la narrativa alrededor de un objeto que robaban y le quitan a otros. Ahora que estamos aprendiendo a descolonizar nuestras identidades y a cuestionar la autoridad, los migrantes, los latinos y otros miembros de la comunidad estadounidense están cuestionando a estas grandes instituciones como el museo, lo que los empuja a colapsar, adaptarse o replantearse.

Habría sido un golpe muy grande para la sociedad si el museo no hubiera tenido el coraje de nombrar a un artista que tuviera antecedentes independientes para criticarlos profundamente. Esa condición incómoda de cuestionar la identidad del museo es lo que se necesita para marcar la diferencia. Porque, cuando nos estancamos, perecemos con el tiempo. La identidad es un río, no un lago. Entonces, cuando el museo cuestiona su identidad y las comunidades cuestionan sus identidades, existe una conexión muy fuerte allí, que podría llevar a una conversación real sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos.

En este momento, cuando el museo está trabajando duro para transformarse y tratando de conectarse mejor con las comunidades, tengo la gran responsabilidad de construir puentes y carreteras. Tendemos a crear muros en nuestro alrededor en lugar de imaginar las formas en las que podemos conectarnos. Sabemos que las comunidades no son estáticas. Las comunidades se crean, en cualquier lugar, y pueden transformarse de muchas maneras. Estoy aquí para eso.

¿Cómo planeas iniciar esas conversaciones?

En esto, los líderes comunitarios juegan un papel fundamental. Son ellos quienes han estado asistiendo y ayudando a los miembros de la comunidad durante mucho tiempo, por lo que nadie tiene la sensibilidad que ellos tienen. Con su apoyo, hemos estado construyendo la logística y la programación necesarias para albergar los talleres de poesía gratuitos y las sesiones de puertas abiertas en español que esperamos ofrecer. Estoy muy emocionado con el libro que esperamos publicar con los poemas producidos durante los talleres.

¿Qué esperas lograr durante tu residencia?

El más importante de todos los objetivos es animar a la gente a trascender sin miedo. No tenerle miedo a la poesía, a las opiniones y las críticas de los demás, a nuestro historia y nuestro pasado. Todos estamos tomando riesgos con esta residencia, porque estamos cuestionando nuestras identidades y nos abrimos a este diálogo y sus reflexiones incómodos. Pero, el punto es que, si queremos encontrarnos en algún punto del camino, todos debemos recorrerlo.