Rudecinda García se levanta a las 4:00 a.m. para cocinar los desayunos y los almuerzos que comerán sus tres hijos mientras ella trabaja por muchas horas durante el día como home attendant (una asistente del hogar por razones de salud). Mientras García está ausente, una amiga visita los niños y los cuida en su hogar en North Kensington.

La señora es cariñosa, pero no puede leer ni escribir en inglés o en español. Por tanto, los niños de 13, 12 y 10 años de edad se las arreglen solos cuando se trata del trabajo escolar. Los niños obtuvieron Chromebooks en la Lewis Elkin Elementary, la escuela pública en su vecindario, pero la conexión a Internet es irregular, por lo que García paga $125 dólares mensuales por teléfonos con planes de datos, para que los niños puedan completar las tareas.

Aún así, ella conoce a sus hijos, especialmente a los dos más jóvenes, quienes con frecuencia no logran iniciar las sesiones de trabajo virtual de la escuela.

“He tratado y estoy haciendo todo lo posible para ser responsable con ellos y para que ellos sean responsables con sus maestros, pero es difícil para una madre soltera garantizar la educación de mis hijos en estas circunstancias”, dijo García.

Diez semanas después que el aprendizaje a distancia resultara forzado por la pandemia, el Distrito Escolar de Filadelfia ha registrado que solo el 61% de los estudiantes asisten a la escuela en un día promedio.

Las autoridades dijeron el viernes que el 53% de los estudiantes de primaria hacen algún contacto diario con sus maestros, mientras el 74% de los estudiantes de secundaria y preparatoria se conectan a sus sesiones. Eso está muy por debajo de la tasa de participación del 92% que tuvo el distrito durante el año escolar 2018-2019.

Las razones detrás de la participación irregular son complicadas: en familias como la de García, los padres son trabajadores esenciales; en otros casos son los mismos estudiantes quienes tienen que salir a trabajar. Algunos tienen problemas tecnológicos y de cuidado infantil en casa.

Pero, otro factor es la política de calificaciones del distrito escolar: las notas finales de los estudiantes para este año escolar no serán más bajas que las que obtuvieron el 13 de marzo, el último día de clases antes que este coronavirus cerrara abruptamente las escuelas. También está el estrés y la interrupción que vino con la pérdida de la rutina y la interacción social en las aulas y en los edificios escolares.

La prioridad del distrito escolar durante la pandemia ha sido asegurarse que los estudiantes estén seguros. Pero, a medida que Filadelfia y los distritos escolares de todo el país lidian con cómo y cuándo comenzar el próximo año escolar, los funcionarios dicen que identificar soluciones al problema de la participación irregular es fundamental.

“Comenzar un año con esto será muy diferente a cambiar a mitad de año”, dijo William R. Hite Jr., el superintendente de las escuelas de Filadelfia.

Agregó que espera dar respuestas concretas a los empleados del distrito y a las familias a mediados de julio sobre cómo será el año escolar 2020-2021, pero dijo que el distrito “definitivamente tendrá que continuar con nuestra capacitación y crecimiento”.

Expertos dicen que no hay una normativa generalizada para rastrear la presencia de los estudiantes a distancia ni datos nacionales sobre el asunto. En entrevista con El Inquirer, distritos educativos de otras grandes ciudades proporcionaron datos diversos: Boston informó la presencia diaria promedió 84% la semana pasada, mientras que Baltimore dijo que sus números “han fluctuado”, pero que había “visto una participación tan alta como 85%”. Nueva York informa una tasa de “interacción diaria promedio” del 93% desde que comenzaron las clases a distancia, y la presencia diaria promedio de Miami-Dade generalmente se registra entre el 91% y el 93%.

Distritos como Seattle y Los Ángeles dijeron que no estaban tomando registro de la presencia de los estudiantes, pero agregaron que la cantidad de estudiantes que participan en las plataformas en línea había aumentado.

A nivel local, la cantidad de tiempo que conllevó preparar un plan de aprendizaje remoto y equipar a los estudiantes fue un gran desafío en Filadelfia. El distrito primero tuvo que comprar y distribuir computadoras portátiles a 81,000 estudiantes. Las nuevas instrucciones dirigidas por maestros desde la distancia no comenzó hasta el 4 de mayo, aproximadamente seis semanas después de que el gobernador Tom Wolf ordenó el cierre de las escuelas en toda Pensilvania.

“Cuánto mayor es el bache de tiempo libre, más difícil es involucrar a los estudiantes”, dijo Caroline Watts, directora de participación escolar y comunitaria en la Escuela de Postgrado en Educación de la Universidad de Pensilvania.

Stephen Flemming, profesor de inglés en la escuela secundaria Martin Luther King, percibe esto de primera mano. Dijo que 25 de sus 90 estudiantes son los que han participado regularmente en sus clases virtuales durante el cierre provocado por la pandemia. Muchos de los que no participan citan desafíos como tener que desempeñar trabajos esenciales o de cuidar a sus hermanos mientras los padres trabajan.

Otros estudiantes no le ven sentido a iniciar la sesión de clase cuando no serán penalizados por no presentarse.

“Uno salió directamente y me dijo: que odia la escuela y que no le importa participar”, dijo Flemming.

Flemming dijo que hay presión para mejorar la participación de los estudiantes, por lo que algunos maestros alientan a los estudiantes a iniciar sesión en Google Classroom, la plataforma en línea del distrito, con tal que participen, aunque nunca entreguen las tareas.

Los estudiantes en las escuelas intermedias y secundarias deben registrar su propia participación; en el caso del nivel primario, los maestros son responsables de la participación.

Una maestra de escuela primaria en Northwest Philly, que habló con la condición de anonimato por temor a represalias, dijo que solo un tercio de sus estudiantes han estado participando. Ella dijo que un estudiante que no inicia sesión ni completa las asignaciones impresas es porque no tiene acceso confiable a Internet. La madre de uno de sus estudiantes le dijo simplemente que no iba a hacer que su hijo hiciera el trabajo.

La maestra de Northwest Philly dijo que trata de mantener las cosas lo más normal posible para los estudiantes que sí participan. Está revisando lecciones anteriores; no enseña ningún material nuevo.

Ella dijo que ha participado en programas de desarrollo profesional opcional del distrito, pero no habían utilizado las herramientas de educación en línea de manera regular antes de la pandemia, igual que el 85% de los maestros en el sistema.

También dijo que ha hablado con otros maestros del distrito sobre la calidad de la educación, y todos están de acuerdo: “Ninguno de nosotros cree que esto sea significativo”.

El superintendente Hite ha dicho que la instrucción a distancia esta primavera no estará a la altura de lo que los educadores habrían podido impartir si el año escolar no hubiera sido interrumpido. El aprendizaje en línea que se produce ahora no puede reemplazar la enseñanza presencial.

“Sería exitoso si podemos reducir la cantidad de regresión que ocurrirá, debido a que los niños han estado fuera de la escuela durante tanto tiempo”, dijo Hite. “Lo que estamos tratando de hacer es equilibrar un conjunto de circunstancias únicas con tratar de mantener a los niños interesados en el aprendizaje durante el mayor tiempo posible”.

Hite también dijo que no deberían hacer presión para que los estudiantes se presenten a clase, independientemente de las asignaciones que finalicen; el objetivo es una interacción significativa.

En una reunión virtual este mes con su junta asesora de estudiantes, Hite dijo que se sorprendió porque los estudiantes describieron grandes brechas en el tipo de tareas que estaban recibiendo. Un joven quedó encantado con una tarea de arte; una joven se desanimó con unas hojas de cálculo que le parecían demasiado trabajo.

“Una de las cosas que tendremos que mejorar mucho es en lo que les pedimos hacer a nuestros jóvenes, con tal de aumentar su nivel de compromiso”, dijo el superintendente.

Milagros Rodríguez, madre de una niña en el cuarto grado de la Primaria Elkin, tiene la esperanza de que las clases se reanuden en la escuela en el otoño, para que su hija y su hijo de 5 años vayan juntos, ya que el pequeño comenzará Kindergarten el próximo año escolar. Pero si los riesgos persisten, Rodríguez prefiere las sesiones virtuales.

La pandemia ha traído desafíos repentinos a la vida de Rodríguez, quien dejó a sus hijos en el norte de Filadelfia con su madre para viajar de emergencia a su natal República Dominicana, para cuidar de una hermana con COVID-19.

Su hija es una estudiante motivada y Rodríguez le da seguimiento remoto del trabajo y participación de la niña desde la distancia, pero la falta de una computadora y los problemas de internet le impidieron conectarse durante dos semanas.

“Nosotros no estamos bien, porque hay demasiadas cosas con las que hay que lidiar y muy pocos quienes nos podamos hacer responsables por ellas”.