Vuelve esa época del año cuando los pétalos de cempasúchil y los altares elaborados marcan el final de octubre y el año de larga espera para reencontrarse con los seres queridos que fallecieron: el Día de los muertos.

A diferencia de Halloween, el Día de los muertos no pretende ser espeluznante ni asustar al punto de morir del susto. En lugar de crear miedo sobre las cosas del más allá, honra el regreso de los espíritus a este mundo. Por tanto, no hay trucos para los vivos; solo muchas atenciones para los fallecidos.

La tradición mexicana, una mezcla de rituales indígenas mesoamericanos con la influencia del catolicismo español, es una de las celebraciones más antiguas de México y, en algunas regiones del país, los esfuerzos para la fiesta pueden comenzar tan temprano como dos meses antes del 1 y 2 de noviembre.

La mayoría de las comunidades mexicanas utilizan sus ahorros para embellecer un altar: encendiendo velas, pagando a un sastre para crear un atuendo para el difunto y colocándolo todo entre flores, esqueletos, calaveras e imágenes de los seres queridos. No se puede quedar la comida y la bebida: tamales con mole, champurrado, pan de muertos y calaveras de azúcar.

Aunque la tradición es mejor conocida como una celebración mexicana, los caribeños preparan altares casi de la misma manera. La mayoría de las personas también mantienen un altar más pequeño y menos elaborado durante todo el año.

En el sur de Filadelfia, la comunidad mexicana ha estado creciendo durante 25 años alrededor del mercado predominantemente inmigrante en la Calle Nueve.

El periodista comunitario mexicano Édgar Ramírez cree que el florecimiento de la cultura mexicana en Filadelfia se debe, en parte, a la “fascinación nacional” por su comida, la popularidad de símbolos como la Virgen de Guadalupe y las celebraciones del Día de los muertos. También cree que hay un “reconocimiento simbólico” de esas contribuciones y los desafios que tienen las comunidades locales.

“Es como que estamos aquí y no estamos aquí, porque solo estamos en el subconsciente de la gente”, dijo Ramírez, productor y fundador de Philatinos Radio.

En un momento en que los mexicanos están preocupados por los terremotos y el crimen organizado en México, así como por la apropiación de su cultura mientras crían sus hijos en este país, hablamos con tres mexicanas de Filadelfia que quieren compartir las recetas de familia, como una forma de honrar la autenticidad de las tradiciones en su natal estado de Puebla.

“No nos disfrazamos, pero hacemos pan”.

En las comunidades mexicanas del sur de Filadelfia se dice que Ángeles Rincón, de 37 años, es la única persona que ofrece en su altar un pan de muerto en la forma de una canasta, que dedica a una persona especial cada año. Ella y su hermano, Silvestre, de 30 años, son considerados expertos en la preparación del pan. Su receta, las formas que le dan y los ingredientes son únicos: algunos son molidos por su madre en México, quien los envía hacia Estados Unidos desde San Mateo Soltepec, Puebla.

Rincón es la madre de tres varones, quien vive en Filadelfia hace 18 años junto con su esposo Eleazar Cortés, de 37 años, y su hermano y su cuñada. Ella ha hecho pan en honor a la tradición, no para ser vendido, durante los últimos 10 años. Le recuerda a sus hijos que el pan debe hornearse el día antes de ponerlo en el altar, ya que el aroma de recién horneado ayudará al espíritu de sus seres queridos a encontrar el camino a casa.

Rincón, quien con su familia es dueña del restaurante El Rancho Viejo, no se opone a que sus hijos aprendan sobre las celebraciones estadounidenses de Halloween, pero no lo celebran en casa. Ella cree que los rituales festivos se deben seguir solo si se llevan a cabo con respeto, por lo que sigue haciendo pan para sus seres queridos.

“No nos disfrazamos, pero hacemos pan”, djio Rincón.

Este año fue la primera vez que Rincón y su familia compartieron públicamente su tradición y su receta, en un taller de pan de muerto organizado por el Philadelphia Folklore Project la semana pasada. Rincón dijo que su familia guarda el pan en su altar durante dos semanas, después deciden qué hacer con los panes y la canasta, que este año se dedicó a Ana Guissel Palma, una líder comunitaria y artista.

Pan de muerto

Cantidad: 15 panes.


5 libras de harina blanca, más adicional, dividida

½ libra de mantequilla

3 huevos, más 2 yemas de huevos por separado

1 libra de azúcar blanca

½ libra de levadura

½ libra de bicarbonato de sodio

4 tazas de agua tibia

Ajonjolí al gusto


En una superficie plana, extienda la harina en un montículo y ahueque la parte superior-central para colocar la mantequilla en el medio. Mezcle con las manos durante 3 minutos hasta que la mezcla se sienta densa.


En un tazón o plato hondo, combine los 3 huevos con el azúcar, la levadura y el bicarbonato de sodio. Batir hasta que los ingredientes estén bien mezclados.


Extienda la mezcla de harina y mantequilla de nuevo en un montículo con una parte superior-central ahuecada. Vierta el líquido en el medio y mezcle con las manos hasta que esté suave y firme; agregue agua cuando la mezcla se sienta demasiado seca y agregue harina a sus manos y a la superficie cuando la mezcla se vuelva pegajosa.


Coloque la masa en un tazón o plato hondo, cubra con un paño de cocina y déjela reposar durante una hora.


En una superficie plana, extienda la masa y amase durante cinco minutos hasta que la masa se sienta suave. Rodar en la forma de una serpiente de más de 30 pulgadas de largo, con aproximadamente dos pulgadas y media de diámetro. Con un cortador de masa, corte 15 trozos de la masa en trozos de hasta dos pulgadas de largo. Guarde el exceso de masa para más tarde.


Para darle forma a cada pan, tome cada pieza y golpee en la superficie hasta lograr un círculo plano. Del exceso de masa, extraiga dos piezas, enrolle cada pieza entre sus dedos medio y anular hasta lograr dos muescas o huecos espaciados uniformemente en cada una. Cruza las dos piezas en la parte superior de cada pan. Estos están destinados a simbolizar los huesos del fallecido.


Precaliente el horno a 350°F/175°C durante 15 minutos.


En un tazón o plato hondo, batir las yemas de huevo.


Rocía harina blanca en una bandeja para hornear. Coloque los panes en la bandeja y use una brocha de repostería para untar una capa delgada de la mezcla de yemas en las masas de panes. Rocía encima ajonjolí al gusto. Colocar en el horno por 20 minutos. Servir una vez enfriado.


— Ángeles Rincón

Champurrado como un servicio a su familia

Durante los últimos 10 años, Estela Piña ha estado preparando champurrado todos los fines de semana en el restaurante de su hermano, Tamalex, en el sur de Filadelfia. Ella y su esposo, Alejandro Mondragón, de 43 años, han perfeccionado sus técnicas, ha sabiendas que cualquier cambio en la receta podría alterar los resultados, dijo Piña, de 43 años.

Clientes hondureños, chinos, estadounidenses y mexicanos consumen alrededor de 4,700 tamales y 55 galones de champurrado cada fin de semana. Para las celebraciones del Día de los muertos producen la segunda mayor cantidad de alimentos, pues tienen la mayor demanda para el Día de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre.

“No habían muchos lugares en Filadelfia dónde encontrar nuestra comida hasta que la comunidad comenzó a buscar la manera de abrir sus negocios”, dijo Mondragón, nativo del estado de Hidalgo.

Mondragón le pasa el azúcar a Piña, y ella lo agrega al gusto. Luego, todos los miembros de la empresa familiar prueban una cucharadita de chocolate con especias para ver si queda bueno.

Champurrado

El Chocolate Abuelita de Nestle se vende en tabletas, en polvo y en almíbar o jarabe. Esta receta utiliza tabletas. Asegúrese de usar harina de maíz, no otro tipo. Cantidad: 4 porciones.


½ galón de agua, más 1 taza de agua dividida

2 astillas de canela

4 tabletas del Chocolate Abuelita

2 tazas de leche

1 taza de harina de maíz

Azúcar al gusto


En una cacerola o paila de mediana profundidad a fuego alto, combine el medio galón de agua y la canela y deje que hierva.


Agregue las tabletas de Chocolate Abuelita, luego revuelva ocasionalmente hasta que se disuelva. Agregue la leche a la olla y revuelva durante 1 minuto.


Vierta la taza de agua restante en un envase mediano. Poco a poco agregue la harina de maíz al agua, revolviendo hasta que la mezcla esté suave y turbia. Vierte la mezcla en la cacerola. Agregue azúcar al gusto, luego reduzca el fuego a medio-bajo y revuelva durante 3 minutos. Colar y servir.


— Estela Piña

La creadora de calaveras

Durante cuatro años, Ivonne Pinto García ha enseñado un taller de calaveras de azúcar para residentes del sur de Filadelfia. Es una forma, dice, de que méxico-americanos como su hija de 12 años, Sophie, puedan aprender sobre las ofrendas tradicionales para el Día de los muertos y disfrutar “lo mejor de los dos mundos”.

“Es un deber y un gustazo ser la persona a la que recurrir cuando se trata de preparar estas calaveritas”, dijo Pinto García.

Mientras anima a su hija a celebrar Halloween y a respetar a sus antepasados mexicanos, la propia Pinto García adopta un híbrido de tradiciones, ya que aprendió a fusionar la receta de sus abuelos de Puebla con la de su mentora artística aquí en el sur de Filadelfia.

La mujer de 38 años, que emigró de San Martín Texmelucan de Labastida en 2005, recomienda dedicar una calavera grande a un ser querido fallecido, escribiendo su nombre en la frente del cráneo, y dándoles los medianos a los niños para comer o jugar.

¿La parte favorita de Pinto García en los talleres? Ver a los padres trabajando junto con sus hijos, aprendiendo a honrar a sus seres queridos con su tradición y receta.

Calaveras de azúcar

Los moldes de calaveras de azúcar están disponibles en Walmart y en Amazon. Cantidad: una calavera de azúcar grande o dos calaveras de azúcar medianas.


1 taza de azúcar blanca

½ clara de huevo

2 cucharadas de agua

1 limón o vinagre blanco

Glaseado decorativo en pasta, en colores variados


En un tazón grande y profundo, combine el azúcar con la clara de huevo y el agua. Esprima el limón (sin semillas) sobre la mezcla dos veces o agregue una tapa de vinagre. Mezcle con las manos durante cinco minutos hasta que la mezcla sea densa y arenosa; la mezcla debe quedar firme en las manos al apretarla.


Enjuague y seque completamente el molde para la calavera de azúcar. Usa tus manos para empacar la mezcla en el molde hasta que esté compacta. Cuando el molde esté lleno, elimine el exceso de azúcar.


Coloque la(s) calavera(s) de azúcar en una bandeja apta para horno y cubra sin apretar con una toalla de cocina. Deje reposar a temperatura ambiente durante 48 horas.


Una vez seco, decore con glaseado usando la imaginación.


Variación: Después de formar las calaveras de azúcar, precaliente el horno a 120°F/45°C durante 15 minutos, con una rejilla en la posición media. Dejando la puerta del horno entreabierta, hornee las calaveras durante 30 minutos. Dejar enfriar, y luego decorar.


— Ivonne Pinto García