Petronila Cruz sintió un vacío en su pecho cuando la excavadora zambulló la pala en la tierra fértil que ella cultivó durante 31 años.

“Yo misma trataba de consolarme diciéndome que yo sabía que esa tierra no era mía”, dijo Cruz, de 79 años, al describir la depresión que vivió los cuatro meses siguientes, tras perder su jardín. “Le dediqué mucho tiempo y amor a eso”.

Cruz nunca fue dueña de las seis parcelas baldías ubicadas alrededor de su casa en West Kensington, pero durante tres décadas las trabajó como si fueran suyas, sembrándolas de tomates, calabazas, pepinillos y berenjenas. Se maravilló por lo mucho que crecieron las matas de guandules a lo largo de los años.

Petronila Cruz solía tener un jardín extenso en seis parcelas baldías que rodeaban su casa en West Kensington. En 2019, vendieron el terreno y ahora hay un edificio de apartamentos de tres pisos.
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Petronila Cruz solía tener un jardín extenso en seis parcelas baldías que rodeaban su casa en West Kensington. En 2019, vendieron el terreno y ahora hay un edificio de apartamentos de tres pisos.

Sin embargo, vendieron uno de los terrenos en 2019. Para entonces, el primer paso para construir el complejo de apartamentos de tres pisos fue excavar el jardín de Cruz.

Activistas comunitarios y residentes del vecindario están lidiando con complicados procesos legales y la burocracia gubernamental para tratar de salvar jardines y patios como el de Cruz. Al mismo tiempo, las constructoras de inmuebles están compitiendo con los residentes locales para construir sobre ellos, antes de la ley de reducción de impuestos de la ciudad cambie a fin de año.

Petronila Cruz, 79, muestra fotografías de su antiguo jardín, que cuidaba cerca de su casa en Filadelfia.
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Petronila Cruz, 79, muestra fotografías de su antiguo jardín, que cuidaba cerca de su casa en Filadelfia.

“Después de todos estos años, sentimos que se han aprovechado de nosotros, y ahora, cuando esta área es atractiva para las constructoras de inmobiliarios”, dijo Nilsa Caraballo, “no hay respeto por los grupos minoritarios que hicieron que esta tierra valiera un centavo, y solo los que tienen mucho dinero pueden sentarse a la mesa a conversar“.

Caraballo, de 56 años, y su esposo, Efraín, de 71, cuidan un patio al lado de su casa, que es propiedad de la Autoridad de Vivienda de la Ciudad de Filadelfia.

Hace dos décadas, nada era más emblemático en West Kensington y Norris Square que la abundancia de solares baldíos llenos de basura, que servían como refugios para el consumo de drogas y la prostitución. Utilizar las parcelas como patios y jardines comenzó como una forma de crear un sentido de seguridad, explicó Patricia DeCarlo, residente de Norris Square desde hace 30 años.

“La gente que vivía aquí y era dueña de su propiedad quería proteger su propiedad”, dijo. “Como nadie lo poseía y era un desastre, los residentes empezaron a cercarlo”.

La jardinería en parcelas baldías sigue siendo una forma de embellecer una comunidad que lucha contra el abuso de sustancias, varios problemas de salud ambiental y condiciones de pobreza. El ingreso familiar promedio es de aproximadamente $23,000 dólares al año.

En las calles Mascher y Dauphin, una de las esquinas se ha transformado en uno de los muchos parques y jardines comunitarios que los residentes han improvisado en el vecindario. La tierra no era más que un espacio húmedo y vacío, después que una de las agencias de la ciudad demolió una casa ubicada en el terreno hace 30 años.

Ahora, Iris Rodríguez, de 70 años, lo atiende tres horas al día. Compra una planta para agregar al parque cada vez que viaja por los Estados Unidos. Las hojas de las matas de plátano se extienden hacia la acera, mientras que las rosas, los lirios y las amapolas florecen a lo largo de un camino pavimentado, con bancos donde los miembros de la comunidad se sientan a tomar café por las tardes.

Los residentes locales han cuidado el espacio durante los últimos cinco años. Pero, los solares donde queda el parque son propiedad de Philadelphia Land Bank, City Public Property y Norris Square Neighborhood Project. Rodríguez dijo que renueva un permiso cada año para usar la tierra como espacio público y jardinería comunitaria, pero teme que algún día se lo quiten.

“Sé que hay gente en la Ciudad bregando para que nos den nuestros papeles [de los solares]”, dijo Rodríguez, pero no confía en Philadelphia Land Bank, una agencia que busca equilibrar los intereses de la comunidad y los de las constructoras, a medida que dispone el acceso a los terrenos de la ciudad. “Land Bank solo ve dinero, ahora que los gringos quieren quedarse con nuestro vecindario”.

Iris Rodríguez se ocupa del jardín comunitario que ayudó a formar hace cinco años en una de las esquinas de las calles Mascher y Dauphin. El terreno no es de ella y teme que puedan arrebatárselo para construir un inmueble.
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Iris Rodríguez se ocupa del jardín comunitario que ayudó a formar hace cinco años en una de las esquinas de las calles Mascher y Dauphin. El terreno no es de ella y teme que puedan arrebatárselo para construir un inmueble.

Este sector de Filadelfia está lleno de terrenos que son propiedad de la ciudad: hay aproximadamente 400 parcelas en menos de un kilómetro del vecindario de Norris Square. La Asociación Puertorriqueños en Marcha (APM), una organización sin fines de lucro, ha estado desarrollando viviendas asequibles en el área durante más de tres décadas. Nilda Iris Ruiz, presidente y directora ejecutiva de la organización, dijo que APM está en una carrera pulso a pulso para apoderarse de las parcelas vacías antes de que las constructoras de inmuebles las compren y desarrollen viviendas al costo del mercado de bienes raíces. Ruiz dijo que los lotes baldíos proveen oportunidades para construir más residencias para ciudadanos con ingresos mixtos.

“La experiencia generacional nos ha demostrado que cuando hay residencias para familias de bajos ingresos, simplemente, no es una buena combinación”, dijo Ruiz, quien está de acuerdo en que se deben hacer esfuerzos para mantener algunos solares sin construcción de inmuebles. “Lograr que las personas alcancen la autosuficiencia ha sido el objetivo. ¿Cómo conseguimos que la gente consiga un trabajo, aumente sus ingresos o reduzca sus gastos?”.

Hace 10 años, APM era visto como un ángel guardián para la comunidad del área, pero hoy día su reputación es más mixta, y algunos residentes de los vecindarios se oponen a un proyecto en desarrollo para familias con ingresos mixtos que la organización está desarrollando en la calle American, porque temen que solo puje por aumentar la gentrificación.

El año pasado, la ciudad emitió ocho veces más permisos de construcción que en 2015 en un tramo censal dentro del vecindario de West Kensington. El precio medio de una vivienda en agosto de ese año era de $140,000 dólares, según el sitio inmobiliario Zillow, casi el doble que en agosto de 2010.

Ebony Griffin, abogada del Public Interest Law Center, djio que también es valioso mantener los terrenos vacíos sin desarrollar. Los lotes pueden proporcionar frutas y verduras frescas, espacios verdes que pueden mitigar las olas de calor causadas por todo el asfalto en las ciudades y como áreas de juego para la comunidad.

Efraín Caraballo y su esposa, Nilsa. "Ahora, cuando esta área es atractiva para las constructoras de bienes raíces", dijo, "no hay respeto por los grupos minoritarios que hicieron que esta tierra valiera un centavo, y solo los que tienen mucho dinero pueden sentarse en mesa a conversar".
TYGER WILLIAMS / Staff Photographer
Efraín Caraballo y su esposa, Nilsa. "Ahora, cuando esta área es atractiva para las constructoras de bienes raíces", dijo, "no hay respeto por los grupos minoritarios que hicieron que esta tierra valiera un centavo, y solo los que tienen mucho dinero pueden sentarse en mesa a conversar".

Griffin dijo que dar la oportunidad a los lugareños de comprar terrenos baldíos adyacentes a sus propiedades privadas por un bajo costo es, también, una forma de reparar la experiencia histórica de crear zonificación racista y políticas de propiedad que impidieron que personas de color construyeran riquezas a través de la propiedad de terreno.

“Si en 50 años necesitan vender, eso es más riqueza generacional para esa familia”, dijo.

Miembros de Philly Socialists, un grupo que fundó el Jardín Comunitario César Andreu Iglesias, adyacente a la casa de Cruz, organizó una reunión virtual el mes pasado, con funcionarios de Philadelphia Land Bank. El grupo quiere preservar partes de su jardín, que está en terreno del Land Bank, pero recientemente comenzaron a abogar por otros residentes en el vecindario, que también están reclamando terrenos antes que uno de los constructores privados lo haga.

Al final de la reunión, el director ejecutivo del Land Bank, Angel Rodriguez, acordó suspender la venta de 17 parcelas, ocho de ellas en el jardín Iglesias y otras nueve cercanas al espacio comunitario, para que la gente pueda solicitar la obtención de esas parcelas. Estiman que las solicitudes se revisen en la próxima reunión de la junta del Land Bank en el mes de octubre. Algunos han pasado por este proceso anteriormente y ahora tienen que volver a hacerlo, porque Philadelphia Land Bank cambió sus procedimientos de trabajo para estos trámites este año.

Pero Lauren Troop, quien ayudó a organizar la reunión, dijo que la conversación la dejó esperanzada. “Se siente como otro obstáculo, pero creo que fue una victoria en muchos sentidos”, dijo.

Philadelphia Land Bank puede aprobar que una persona compre un solar adyacente a su propiedad por $1 dólar, con el compromiso que la persona no construya o venda la propiedad durante los próximos 30 años.

Otros procedimientos para mantener los terrenos baldías sin desarrollar pueden ser aún más complicados. Si una misma familia ha usado un lote durante 21 años o más, los tribunales pueden otorgarle la propiedad a través de un principio legal llamado posesión adversa, según explicó Griffin. Sin embargo, probar que se ha ocupado un terreno durante más de dos décadas puede ser un gran obstáculo, ya que se requiere de testigos y evidencias fotográficas.

“Los testigos se habrán mudado o fallecido, y no tienen esos contactos”, dijo. “Es realmente difícil”.

Troop dijo que el grupo de residentes locales y los organizadores del jardín están debatiendo si perseguir reclamos de posesión adversa en algunas de las propiedades, o pasar por el proceso de solicitud del Land Bank. Una de ellas, Lila Santos, desea quedarse con una parcela ubicada entre dos casas que posee su familia en Fifth Street. Su abuela, que murió en 2018, solía criar pollos allí. Después de hablar con Philadelphia Land Bank, quedó confundida.

“Honestamente, considero que no obtuvimos una respuesta”, dijo. “No sabíamos qué hacer”.

Efraín y Nilsa Caraballo cuidan este pequeño terreno desde hace 17 años. Es propiedad de la Autoridad de Vivienda de Filadelfia.
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Efraín y Nilsa Caraballo cuidan este pequeño terreno desde hace 17 años. Es propiedad de la Autoridad de Vivienda de Filadelfia.

Y es que hay más en juego que el valor de las propiedades desocupadas. Los residentes sienten una conexión directa e intangible con la tierra. La familia Caraballo, oriundos de Puerto Rico, describen la jardinería como “una forma de vida”.

Cruz, quien ha tratado de ver los aspectos positivos de perder su jardín, sigue lamentando lo sucedido. Tiene implantes en ambas rodillas y un poco de colesterol alto, por lo que consideró que probablemente no era favorable seguir esforzándose tanto todos los días.

Pero, también recordó que a los 79 años de edad todavía puede maniobrar un machete, para despejar las hierbas malas, y cuánto le encantaba proporcionar vegetales frescos y un espacio verde dónde encontrarse con sus vecinos. Un año después que la excavadora terminó de demoler su jardín, Cruz todavía siente su ausencia.

“Pienso que me hicieron un favor porque, ahora, no me apresuro al amanecer para tomar mi café y salir al jardín”, dijo. “No tengo que hacer eso, ni tengo nada más que hacer, si viene al caso”.

El Inquirer

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