Manifestantes inundaron la Vine Street Expressway al cae la tarde del lunes, con los puños cerrados y las voces en alto: miles de carteles ondeando, arrodillados sobre el asfalto, deteniendo una de las vías más transitadas de la ciudad.

Negros, blancos y marrones, muchos de ellos adultos jóvenes, gritaban gritos las mismas consignas que se escuchan en Filadelfia y en todo el país durante estos días de protestas, a favor de la justicia racial y por el fin de la brutalidad policial.

Luego, los oficiales lanzaron bombas de gas lacrimógeno contra la multitud que marchaba, enviando a los manifestantes a trepar por cunetas y bancos a ambos lados de la carretera mientras el gas se dispersaba en el aire. En minutos, videos e imágenes inundaban las redes sociales de personas gritando, atrapadas y desesperadas por escapar.

El uso del gas y el enjambre caótico que causó es uno de los momentos más espantosos en Filadelfia de los últimos tres días: manifestantes indignandos e impactados dijeron que su manifestación fue pacífica.

El combate cuerpo a cuerpo, una hora antes que se estableciera el toque de queda de la ciudad a las 6:00 p.m., se dio el día en que la Guardia Nacional vino a ayudar a la policía de la ciudad y la policía estatal a controlar los disturbios.

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Los funcionarios de la ciudad nuevamente prometieron que la violencia percibida de los días anteriores (ventanas rotas, negocios saqueados y vehículos de policía destrozados) no sería tolerada. Al menos docenas de manifestantes fueron arrestados el lunes después del incidente en la I-676, y más tarde, en la noche, la policía trató de despejar las calles con más fuerza, cuando llegó el toque de queda.

El incidente enfureció aún más a los manifestantes que, como en días anteriores, se habían manifestado (en gran medida) de manera pacífica, para pedir un cambio estructural a raíz de la muerte de George Floyd: el hombre afroamericano que fue asesinado la semana pasada, después de que un oficial de policía de Minneapolis se arrodilló sobre su cuello hasta asfixiarlo.

“¿Cómo puedes esperar que seamos pacíficos cuando tú nos atacas? Te enojas cuando somos violentos, pero cuando somos pacíficos, también te enojas. ¿Entonces, cuál es la respuesta?”, dijo la manifestante Kai Mickens de Coatesville, con su voz entrecortada por la emoción. “¿Hay alguna respuesta [viable]?”.

Funcionarios de la ciudad dijeron el lunes que estaban tratando de averiguar qué había sucedido y cuál agencia había liberado el gas. En una declaración tarde de la noche, el alcalde Jim Kenney y la comisionada de policía Danielle Outlaw dijeron que los oficiales de SWAT de Filadelfia habían lanzado bombas de gas lacrimógeno y un humo blanco no químico, después que un oficial ordenó a la multitud que se dispersara porque algunos manifestantes arrojaron piedras al cuerpo del orden público.

El gas era “un medio seguro para desactivar una situación volátil y peligrosa y restablecer el orden”, dijo Outlaw en un comunicado.

Kenney dijo que los oficiales estaban preocupados por la seguridad de los manifestantes y los conductores de automóviles que transitaban por la vía. “Quiero asegurar al público que esta no fue una decisión que alguien tomó a la ligera”, dijo.

Deana Gamble, portavoz de Kenney, dijo que la información sobre los manifestantes que arrojaban piedras provenía de relatos de primera mano de comandantes policiales de alto rango, que presenciaron el incidente.

“Algunos fueron [golpeados] y uno en particular lo recuerda, porque no tenía puesto el casco, por lo que necesitaba agacharse”, dijo.

Mientras los manifestantes cuestionaban la intervención con bombas de gas lacrimógeno, la concejal de la ciudad Helen Gym pidió a Kenney que “le pidiera a las fuerzas militarizadas que se retiraran”. La concejal Jamie Gauthier dijo más tarde que el incidente “quebrantó nuestra credibilidad” como gobierno de la ciudad.

“No podemos decir por un lado que escuchamos a las personas y las entendemos, y por el otro usar este tipo de tácticas contra ellos, por expresar sus opiniones y expresar su enojo por algo por lo que deberían estar enojados”, dijo Gauthier.

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La protesta en la autopista se originó (en parte) tras una manifestación pacífica de “discurso abierto” que tuvo lugar en la jefatura de policía a principios de la tarde, y creció a medida que los grupos se unieron para marchar hacia el Ayuntamiento, por el Parkway hasta llegar a la I-676. Caminaron por la autopista, vociferando: “Sin justicia, no hay paz. No al policía racista”. Detuvieron el tráfico.

Ebony Ukogu, 24, gritaba junto con la multitud y llevaba un letrero que decía “Dejen de matarnos”, cuando de repente la gente delante de ella comenzó a correr. Vio a la policía con equipo antidisturbios.

“Se acercaban hacia nosotros. Y luego, de repente, parpadeé y sentí los ojos en llamas“, dijo. “Entonces empiezo a escuchar los estallidos, el sonido de ellos [la policía] disparando una lata tras otra de gas lacrimógeno”.

Ella dijo que la situación se volvió peligrosa, porque la gente tuvo que arrastrarse unos sobre los otros para huir, mientras los oficiales “continuamente” rociaban el gas. Mickens dijo que el gas lacrimógeno parecía venir tanto desde arriba como frente a la multitud.

“Tienen personas atrapadas allí abajo”, gritó una mujer, mientras las personas que aún estaban detrás de las cercas luchaban por saltar y alcanzarlos, según se percibe en un video que publicó. “¡Estaban protestando de manera pacífica!”, dijo.

Algunos manifestantes cerca del frente también dijeron que fueron alcanzados por balas de goma, y uno de ellos le mostró a un reportero un verdugón rojo en el pecho. Al menos un video parecía mostrar a los oficiales del sheriff de Filadelfia usando gas pimienta contra personas que caminaban por el Parkway. La sheriff Rochelle Bilal no respondió a nuestras solicitudes de comentarios.

“Todos caímos [caminando] colina arriba, tratando de subir, saltando sobre la cerca y todo; fue una locura”, dijo K.J. Williams, 22, una de las personas quien dijo haber huido de las balas de goma. “Fue caótico. Como si realmente fuera el pandemonio”.

En la autopista, un gran grupo parecía estar detenido por agentes. Al menos 25 personas tenían las manos atadas y estaban sentadas en la orilla de la autopista, algunas alineadas frente al autobús de la Oficina del Sheriff.

Cinco horas después, los funcionarios de la ciudad no habían anunciado arrestos.

“Es una locura que hayamos venido aquí para protestar pacíficamente, para luchar por las personas de nuestro color de piel, y todavía nos rocían con gas {lacrimógeno)”, dijo Zakiyah Ingram, 26, de Filadelfia. “Para mí, no tiene sentido”.

Las reporteras Kristen A. Graham y Oona Goodin-Smith contribuyeron a este artículo.